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LOS MITOS Y LA NATURALEZA EN EL EXPRESIONISMO DE HURI BARJAU
La obra de Huri Barjau yace en la
naturaleza casi siempre inmutable, obra que controla los elementos en un equilibrio encontrado casi de forma espontánea
por la artista, alumna de La Esmeralda de San Carlos, de Francisco de Torres Cato, Francisco Cortázar y Luis Anzures,
ha presentado sus obras al público desde 1980 en importantes galerías de arte de Veracruz, Tabasco,
México DF, Guadalajara y Gutemberg, Alemania. El dibujo, la pintura, el grabado en metal, la primera en el hemisferio derecho
del cerebro, la codificación y la decodificación de las artes visuales, la textura de materiales y la figura humana reúnen
la gama desde donde Huri consigue encantar al lienzo para molderar las estructuras naturales y dar forma a la vida y a su
libre inspiraci6n.
¿Es Huri un ícono más en su pintura? ¿Es ella una parte de sus propios
matices donde se nota un dejo de nostalgia por su tierra natal? Hay en su trabajo sonidos, suspiros, deseos, remembranzas
y fantasías que han secado con los matices recubriéndolo de manera mágica en ocasiones algo escabroso, otras de modo festivo.
Para entender la obra de Huri hay que comenzar con la instrospección, con sentimientos muy de dentro, aviscerales pero invariablemente
hacia el lado oscuro, colgados en la pared de ese contexto gris azulado del que nos habla la nostalgia. Huri desearga en la pintura un cúmulo de sansaciones que oprimen el viento, que sobrecogen al hallar la
vida de la mano de la muerte, la luz al lado de Io oscuro, el verdor del retoñar junto al pálido café que se apaga muriendo
poco a poco; es como si Huri dejara un poco de sí en cada rasgo, en cada expresi6n de su obra, como si el viento la llevara
y ella se dejara llevar, a veces por la tranquilidad de la brisa, a veces arrastrada por Corrientes desatadas y todo ello
de halla en su trabajo, en un extraño impulso de deformar la realidad y llevarla al terreno casi de ensueño donde todo es
posible.
Mirar el trabajo de la pintora es hablar con ella misma,
porque sus matices, sus formas, sus voces visuales llaman y llevan a uno al interior de sí
mismo, a cuestionarse un minuto la existencia y a llamar
a gritos internos al sentimento que producen de primera instancia , luego observarlas, es estar de acuerdo con ella, con el
paso del tiempo sobre una naturaleza que no muere, a pesar de transformarse con un instante que cedemos para entender que
la vida, ahí, quieta, tiene movimiento, un ritmo que imprime, nuestra misma raz6n de la existencia, nuestra presencia ahl
frente a la obra de Huri; frente al espectáculo que ella ha enviado a través de sus manos, para decirnos que la vida,
a pesar del diálogo interno, se transforma, como la ola que corre la arena, arena que no vuelve a ser más la misma.
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